
- IMAGEN CAPTURADA EN LA WEB PARA ILUSTRAR EL POST -
Me pica la garganta y estornudo con frecuencia. Ya le queda poco al verano (menos mal).
Ayer, la información meteorológica anunciaba lluvia en España. A ver si es verdad.
El metro está lleno ya de gente, y tenemos las mismas caras de estar deseando vacaciones que teníamos en Junio. Ya estamos cansados, ya estamos de nuevo en marcha. Los niños al cole, los conductores al atasco y así, cada uno a lo suyo.
Le he dicho a mi pimpollo que este año (es que para mí el año nuevo empieza en septiembre, que es cuando hago mis propósitos de enmienda y revisión de tareas pendientes), este año, sí, va a ser por fin el año en que despegue, que ya estoy despegando, de hecho. Hemos hecho planes, y algunos se cumplirán y otros no, pero al menos los hemos hecho con ilusión.
El fin de semana se me pierde entre compra, carretera, una película decepcionante y una noche de sábado extraña pero divertida.
Otros años he pensado en cosas que quería obtener, conseguir, recuperar... esta vez, este año, quiero perder una cosa, algo que está frenando mi vida, que me ha paralizado y me ha hecho tanto daño como todo lo malo junto y repetido. Este año quiero perder el miedo al miedo.
Perder el miedo a decir lo que pienso, a ser quién soy, a encontrarme conmigo misma en el fondo de un espejo.
Perder el miedo a la vida, al final, que no es lo mismo que no temerle a nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario