
- IMAGEN CAPTURADA EN LA WEB PARA ILUSTRAR EL POST -
Después de leer el último post de Keizy, no he podido resistirme a contestar con otro post.
Imagino que podemos culpar siempre a la sociedad de todos nuestros males, porque esa sociedad maligna y perversa que predica valores superficiales y que nos condena a que no haya vida inteligente más allá de la talla 36... lamentablemente somos todos.
Así que sería fácil decir que nuestros complejos, inseguridades, nuestra autoestima y nuestra valoración personal sobre nosotros mismos es la que nos han hecho tener. Que sí, que las circunstancias acompañan, pero también nosotros elegimos en última instancia.
No creo que las personas más agraciadas físicamente tengan más éxito en la vida sólo por ser guapos o ir bien vestidos o tener cuerpos 10, pero sí que es cierto que eso que no tiene ningún mérito en sí, ya que la naturaleza te lo da (y Corporación Dermoestética te lo financia si hace falta), aunque probablemente camine con más seguridad y desparpajo por la calle Claudia Schiffer que mi vecina del 3º. Y ese es el tema, que lo que da el éxito, es la seguridad que tenga uno en uno mismo (vale, vale, la herencia de papá ayuda a veces, lo trepa que seas también ayuda, y tu entorno social también, pero quitando esto, es totalmente cierto que las personas seguras de sí mismas, con un nivel de satisfacción global aceptable de su propia persona y circunstancia, son las que triunfan, destacan y, encima, son más felices.
Esa suerte que tienen y, qué demonios, que la disfruten.
Conozco a personas cuya autoestima ha sido machacada por experiencias inenarrables de malos tratos, vejaciones, tragedias, y, sin embargo, han salido adelante (con ayuda, claro) y pueden decir que se han tenido que trabajar su amor propio a causa de ajeno (aunque eso no fuese amor). Conozco a personas que, (sin ánimo de satanizar a la sociedad, repito, ni a estas personas) exigiéndose una perfección inalcanzable y dictatorial han acabado en hospitales con un cuadro de trastorno de la alimentación casi cronificado. Conozco a personas cuya patología obsesiva o depresiva no es más que un reflejo de la inseguridad que les produce el mundo. Y todas esas cosas no se nace con ellas (aunque sí se sea más o menos propenso) sino que se "aprenden".
Me gustaría que algún día en corporación dermoestética anunciasen inyecciones de buen humor para directivos amargados, o pastillas de pensamiento democrático para fascistas sin solución... pero las cosas que sí son mejorables en el ser humano son las que menos nos precoupan mejorar. No queremos ser más seguros, más nobles, más amables o más inteligentes, queremos ser más guapos, más delgados, más ricos y más activos sexualmente... Todo esto sin currarnos ni un poquito lo que sostiene ese chasis.
Me parece imposible. Y me parece normal que estemos tan descontentos con nosotros mismos.
Mi autoestima... pues... la última vez que la ví decía que tenía que crecer... pero está en ello.
Disparates de mí misma he llegado a pensar de todos unos cuantos, pero digo yo que todo lo cura el tiempo. No hay nada en sí mismo que me dé seguridad ni que me la quite, supongo que soy yo la única persona capaz de hacer eso. Y no es que sea independiente a rabiar o que me baste y me sobre, sino que llega un punto en el que lo que uno ve ha de ser lo que le espere al otro lado del espejo, no al otro lado de otra retina... y lo que espere uno de sí mismo ha de responder a las propias espectativas, no las de los demás, sean esos "demás" los amigos, amigas, novios, novias, familiares... o ese ente diabólico y perverso al que llamamos "sociedad".
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